Los caramelos de Arrese que se hundieron con el Titanic

¿Recuerdan ustedes el comienzo de la película Titanic, cuando se ven desde el submarino los restos del buque hundido?

Son imágenes reales del Titanic, grabadas en el fondo del Atlántico por James Cameron durante las doce inmersiones que hizo en 1995 para documentarse sobre la tragedia del célebre trasatlántico.

Se cumplen 108 años desde que una lata de toffees de esta conocida pastelería bilbaína cayera al fondo del Atlántico norte junto con los restos del famoso buque

En el montaje final del film se ven la barandilla de cubierta, una escalera interior y varios espacios más del buque, pero no habría sido resultado del todo inverosímil que en pantalla hubiera aparecido quizás una herrumbrosa caja de hojalata con la palabra «Bilbao» escrita en ella. Era lo que ponía, además de «fábrica de bombones y caramelos de lujo, casa fundada el año 1852» en las antiguas latas de la confitería Arrese, y una de ellas efectivamente viajó en la desgraciada travesía inaugural del Titanic.

Probablemente de la caja en sí no quede nada después de reposar en las gélidas aguas del océano durante 108 años, los que se cumplen esta semana desde el hundimiento del RMS Titanic, ocurrido durante la noche del domingo 14 al lunes 15 de abril de 1912.

Las primeras noticias del siniestro no llegaron a Bilbao hasta el día 16 y en principio fueron confusas: el periódico El Liberal dio por bueno que todos los pasajeros estaban sanos y salvos y que el barco se dirigía a Halifax para una reparación.

Hasta la mañana siguiente, cuando llegó el primer recuento de víctimas desde Canadá, la prensa no comenzó a hablar de catástrofe: de las 2220 personas que viajaban a bordo habían fallecido más de 1500. Murieron tres de los diez españoles que habían embarcado en los puertos de Southhampton, igual que perecieron también los únicos dos pasajeros de apellido vasco, el empresario uruguayo Ramón Artagaveytia y el político mexicano Manuel Uruchurtu.

Titular de la primera noticia sobre el Titanic (El Liberal de Bilbao 16 de abril de 1912).
Titular de la primera noticia sobre el Titanic (El Liberal de Bilbao 16 de abril de 1912). / Liburuklik

Se estarán ustedes preguntando a estas alturas cómo encaja aquí la famosa lata de Arrese. Pues bien, para empezar no era una lata de trufas ni de bombones, sino de toffees, uno de los productos estrella de la confitería en aquellos tiempos. 

Tal y como ha pasado la historia de generación en generación entre los dueños de Arrese, una mañana se presentó en la antigua tienda de Bidebarrieta 8 una elegante señora (perteneciente a la familia Martiartu) para comprar toffees por encargo de una pareja de amigos madrileños. El destino final de estos caramelos hechos con leche condensada era Nueva York, lugar al que iba a viajar próximamente la pareja en cuestión.

Al parecer la misma clienta informó después a la pastelería sobre el trágico destino de sus amigos, quienes habían escogido el lujoso Titanic para desplazarse hasta Norteamérica.

Basándonos en esos datos los madrileños amantes del toffee no pudieron ser otros que los recién casados Víctor Peñasco Castellana y María Josefa Pérez de Soto. Víctor y Pepita, de 24 y 22 años de edad, eran dos jóvenes de la alta sociedad de Madrid con conexiones familiares en La Rioja y el País Vasco. Habían contraído matrimonio año y medio antes y desde entonces estaban en una permanente y ostentosa luna de miel por el mundo acompañados de dos criados.

La doncella Fermina Oliva subió con ellos al Titanic en Cherburgo rumbo a Nueva York mientras que Eulogio, otro sirviente, se quedó en París con una misión muy especial: Doña Purificación Castellana, la madre del novio, desconfiaba del mar y según contó Fermina años después, les había rogado que no tomaran pasaje en ningún buque. «Viajad a donde queráis, pero no toméis ningún barco», pidió la señora.

Con la idea de no preocuparla Víctor y Pepita escribieron como coartada distintas postales que su criado se encargó de enviar a Madrid desde París. El destino, si es que podemos optamos por creer en él, les alcanzó durante la madrugada del 15 de abril de aquel 1912: Víctor Peñasco se hundió con el Titanic (y con la lata de Arrese) mientras su amada Pepita y Fermina se salvaban en uno de los escasos botes arriados con mujeres y niños. Ojalá los peces disfrutaran los toffees.

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